
MANUEL
OJINAGA CASTAÑEDA
1833 -1865
Representa en la historia local el nervio patriótico del
Estado de Chihuahua en los días más difíciles
de la lucha sostenida por el gobierno republicano en contra de
la intervención francesa y el imperio y en todos sus actos
como ciudadano, como militar y como gobernante refleja el General
Ojinaga de una manera uniforme la misma entereza, el mismo valor
indomable, la misma resolución estoica de perder la vida
en aquella lucha, sin que se hubiera visto desmerecer ninguna
de las citadas cualidades ni en los días de infortunio
en que tuvo que abandonar la capital chihuahuense a la aproximación
de los invasores, retirándose rumbo al Cantón Guerrero
a refugiarse en la grandeza de nuestras montañas, en donde
terminó su existencia en la lucha desigual con los imperialistas.
Diversos documentos que dejó a la posteridad revela la
misma fe inquebrantable en el triunfo de la causa de la República
y su resolución valerosa de morir en la demanda.
Originario de la Hacienda de las Garzas, perteneciente al municipio
de La Cruz, y fue bautizado en la viceparroquia de Santa Rosalía
(Ciudad Camargo). Su partida de bautismo expresa lo siguiente
" En esta Santa Iglesia Parroquial de Santa Rosalía,
a 11 de Abril de 1833, yo el Presbítero Miguel García
de León, con licencia in scriptus, exorcicé, bauticé
solemnemente, puse el Santo Óleo y Sagrado Crisma a un
niño que nació en las Garzas el día 8 des
presente mes (Abril) y le puse por nombre JOSÉ MANUEL MARÍA
DIONISIO LEÓN hijo legítimo de Don Bruno Ojinaga
y de Doña Isabel Castañeda. Abuelos paternos Don
Domingo Ojinaga y Doña Gertrudis García Rosi, a
quién advertí su obligación y parentesco
espiritual que han contraído y para que conste lo firmé.-
Miguel García de León. Rúbrica"
De niño quedó huérfano de padre, quién
murió a manos de los apaches habiendo quedado al cuidado
de madre que fue una mujer abnegada y virtuosa, la que con todos
sus hijos volvió a radicarse en la Hacienda de Río
Florido (Villa Coronado) de donde procedía la familia Ojinaga.
Manuel desde sus primeros años fue muy buen hijo, de índole
dócil y amable y al ejemplo de su madre y el apoyo de su
cuñado el Lic. Juan N. de Urquidi, debió la formación
de su carácter y educación.
Cursó su educación primaria en el Valle de Allende
y después se trasladó a la ciudad de Chihuahua,
en donde obtuvo una plaza de escribiente en la Contaduría
Mayor de Hacienda a fines de 1850. Allí a la vez que trabajaba
en la labores indicadas, se dedicó a estudiar en el Instituto
Científico y Literario y mas tarde hizo viajes a la capital
de la república y se inscribió como alumno en la
Escuela de Minería.
El escritor mexicano Don Francisco Sosa, en la página 181
de su libro titulado "Las Estatuas de la Reforma" relata
este capítulo de la vida de Manuel Ojinaga en la forma
siguiente: " Recibió la educación primaria
en Valle de Allende y una vez terminada ingresó a la Escuela
de Minería en clase de externo porque su pobreza no le
permitía pagar la pensión de los internos. Con la
fe y la energía que desde su mocedad revelan los grandes
caracteres, Ojinaga luchó con todo género de contrariedades
y privaciones durante los primeros años de su residencia
en esta capital y se distinguió en las aulas por su talento
claro, su dedicación al estudio y su conducta irreprochable,
mereciendo así la estimación de sus profesores y
condiscípulos. Para premiar su talento le fue concedida
una plaza de dotación en el tercer año de estudios
y, pudo entonces, seguir aquellos hasta terminarlos y recibir
los diplomas de Agrimensor, Ingeniero de Minas y Ensayador, cabiéndole
el mayor y más apetecido triunfo de volver al hogar y servir
de apoyo a su anciana madre y a una hermana viuda que ella mantenía
a su lado".
El Título de Ensayador el fue expedido el 20 de Febrero
de 1860 y el de Ingeniero de Minas el 3 de Septiembre del mismo
año.
Su regreso al estado tuvo lugar en los primeros días de
1861, poco después fue electo Diputado de la II Legislatura
Local, cuyos componente se designaban entonces por el voto general
de los habitantes del mismo estado y, concluidas las funciones
legislativas correspondientes al primer período ordinario
de sesiones, en diciembre del citado año (1861) fue nombrado
jefe de oficina de ensaye en la ciudad de Hidalgo del Parra. En
esta época localizó un criadero de mármol
en jurisdicción de Villa Coronado, el que no pudo explotar
porque los acontecimientos políticos desviaron su atención.
Desempeñaba el empleo expresado cuando se iniciaron los
acontecimientos de la intervención francesa y el imperio,
habiendo suscrito una cuota de $8.00 (ocho pesos) mensuales por
todo el tiempo que durara la guerra y la lista respectiva consta
además la siguiente nota: "Ofrece sus servicios cuando
se necesite". Al mismo tiempo figuró entre los directores
de la "Sociedad Filantrópica" de Hidalgo del
Parral, que organizó en dicha población para levantar
el espíritu público de sus habitantes en contra
de los invasores y del establecimiento de la monarquía
en México y también formó parte de la Junta
Patriótica del Cantón Hidalgo, cuya misión
era allegar recursos para combatir a los franceses y a sus aliados.
La Sociedad Filantrópica expresada se dedicó a organizar
en Hidalgo del Parral fiestas de teatro y corridas de toros, una
y otras por aficionados, a fin de allegar recursos económicos
a beneficio de los hospitales de sangre de oriente y centro y
tomó parte personal en los cuadros y cuadrillas respectivas.
Ejecutaron varias remisiones de fondos y la última que
importaba $900.00 (novecientos pesos) se retuvo cuando se recibió
la noticia de la rendición de la ciudad de Puebla y que
los primeros mexicanos que ahí los tomaron prisioneros
habían sido deportados a Francia. Entonces se resolvió
enviar dicha cantidad a beneficio de los citados prisioneros.
Ofreció sus servicios en las fuerzas armadas e insistió
después de la caída de Puebla y, habiendo sido aceptado
por el gobierno local, con fecha 23 de julio de 1863 dirigió
a Secretaría de Gobierno la nota que sigue: " Animado
del más puro patriotismo desde el momento en que una nación
poderosa se ha permitido el atrevimiento de atacar la soberanía
e independencia de la República, mis más ardientes
deseos han sido desde entonces cumplir con uno de los más
sagrado deberes a que me creo obligado como ciudadano mexicano,
cual el de tomar las armas contra los invasores de mi Patria.
Al efecto he ofrecido al gobierno del Estado, en unión
con otros ciudadanos, mis servicios personales y he visto que
han sido aceptados. En consecuencia, suplico al C. Gobernador
del Estado por el digno conducto de usted, me proporcione la honra
de poder servir a mi Patria nombrando oportunamente a otra persona
que reciba las oficinas que tengo a mi cargo, pues creo que se
acerca ya el momento en que debe salir el nuevo contingente de
sangre con que Chihuahua contribuirá a la defensa nacional
y mi mayor placer como chihuahuense sería el de afiliarme
entre los hijos del Estado que marchan al teatro de la guerra".
Se alistó en la Guardia Nacional del Cantón Hidalgo
y en asamblea general fue electo Teniente Coronel del Batallón
1º de Chihuahua que se organizó para reemplazar al
cuerpo del mismo número que cayó prisionero de los
franceses al rendirse la plaza de Puebla el 17 de mayo de 1863
y poco después se le confirió la jefatura del mismo
batallón.
Al asumir el mariscal Bazaine el mando en jefe del Ejercito expedicionario
francés, ordenó el establecimiento de las odiosas
cortes marciales. Con este motivo el Teniente Coronel Manuel Ojinaga,
el Dr. Manuel Robles y Don Trinidad García, en enero de
1864 publicaron un remitido que expresaba los siguientes conceptos:
"Derecho de represalias ¿Cuando se cansará
nuestro gobierno de ser generoso con los franceses? En el caso
desgraciado de que el país sucumba, ellos volverán
a recrearse contando con avidez los patíbulos y con los
mismos los millares de víctimas sacrificadas en el siglo
XIX por la maldita Francia. ¡Guerra a muerte a los franco
traidores! ¡Fuera los súbditos del emperador bandido!
Ahora que el sustituto de Forey ha publicado la monstruosa ley
marcial en la que condena a la última pena a la nación
entera y provoca a nuestra querida Patria a un duelo a muerte;
ahora que cada uno de nosotros está estrechado a escoger
entre la ignominiosa esclavitud y la muerte, creemos que ha marcado
un hasta aquí a la tan imprudente generosidad del gobierno
de México. Todos los que amamos a la Patria en la que tuvimos
la dicha de nacer, estamos condenados a muerte por el bárbaro
civilizado Bazaine. Pues bien, esperemos con resignación
el sangriento y luctuoso porvenir que nos brinda el salvaje civilizado
europeo y tenemos por lo tanto el derecho inalienable para pedir
a nuestro gobierno que no nos deje asesinar impunemente; que dé
otra ley marcial condenando a muerte a todos los que hagan armas
en contra del gobierno legítimo de México, así
como a los que directa o indirectamente auxilien al ejército
invasor. Derrámese en horabuena la sangre mexicana; pero
deseamos saber al morir, que también correrá la
sangre francesa a torrentes".
Al frente de su batallón se incorporó a la brigada
que comandaba el General José María Patoni, en Junio
de 1864, con la que marchó al estado de Durango y se batió
en la acción de guerra librada en la Majoma el 21 de Septiembre
siguiente, habiéndose distinguido por su valor.
Al frente de sus soldados dio una carga a la bayoneta sobre los
invasores y rechazó a la infantería de éstos;
pero en esos momentos se vio comprometida la artillería
mexicana y recibió orden de contramarcha a protegerla,
habiendo sido flanqueado por el enemigo que tomó prisioneras
a dos compañías de su cuerpo. Con los restos del
mismo se retiró rumbo al norte, al sobrevenir la derrota
de los nuestros.
Llegó a Hidalgo del Parral con varios oficiales y 80 soldados,
procediendo con actividad y energía a reorganizar su batallón;
se incorporó enseguida a las fuerzas que comandaba el general
Manuel Quezada y el 22 de noviembre del mismo año cruzó
sus armas por segunda vez con los franceses en la Hacienda de
Guadalupe, municipio de Coronado, habiendo sido allí donde
se quemaron los primeros cartuchos en jurisdicción de Chihuahua,
durante la intervención y el imperio.
Ascendió a Coronel, paso con el cuerpo que mandaba a formar
parte de la División de Operaciones que bajo la jefatura
del General Miguel Negrete salió del Valle de Allende,
en febrero de 1865, en dirección al sur. Estuvo en la recuperación
de las ciudades de Saltillo y Monterrey y en el asedio al puerto
de Matamoros, así como en la acción de guerra librada
el día 2 de Junio en la Angostura, contra las fuerzas francesas
que dirigía el General Jeaningros, quién fue rechazado
en el mismo lugar donde se había librado la batalla de
Febrero de 1847.
Cuando el general en Jefe ordenó el regreso de la división
en dirección a Chihuahua, el Coronel Ojinaga ejecutó
a pie la travesía por el desierto, desde Monclova hasta
la Laguna de Jaco y de ahí a ciudad Camargo, para dar el
ejemplo a sus soldados, cuyas penalidades compartió con
ellos en el camino sin aprovechar las ventajas que podía
acarrearle su categoría militar.
De la última población citada se trasladó
a la capital y con fecha 4 de Agosto del mismo año el Presidente
Juárez le otorgó el ascenso a General de Brigada
Graduado, y lo nombró gobernador y comandante militar del
Estado y jefe de todas las fuerzas republicanas que operaran dentro
de su territorio o que penetraran a él, habiéndolo
investido de facultades extraordinarias en todos los ramos de
la administración pública, acordadas en Consejo
de Ministros.
El mismo día tomó posesión y nombró
secretario de gobierno al Lic. Manuel Azpiroz, administrador general
de rentas a D. Andrés Armendáriz y Jefe Político
del Distrito Iturbide a D. Ignacio Fernández.
Al día siguiente publicó un manifiesto dirigido
a los habitantes de Chihuahua en el que se encuentran los mismos
conceptos de patriotismo y de entereza, que en otros documentos
mencionados antes; decía lo siguiente: "Llamado por
el Supremo Gobierno de la Nación para encargarme de mando
político y militar del Estado, no he creído de mi
deber rehusar tal encargo, cuando la simple resistencia a las
órdenes del gobierno puede considerarse una traición
y sin medir mi insuficiencia para desempeñarlos debidamente
he aceptado guiado por el deseo que me anima de prestar mis servicios
a la Patria cualesquiera que sean los sacrificios que para ello
sean necesarios y por la convicción profunda que abrigo
de que llegará el día en que veamos triunfante en
toda la extensión de nuestro territorio la independencia
de la República. Chihuahuenses: Las garantías individuales
no serán en mi gobierno una promesa efímera,, sino
un hecho que ustedes mismos me ayudarán a realizar. Sostener
con honor nuestra sagrada independencia será mi constante
empeño, mi única divisa y para ello cuento con su
leal cooperación. Unámonos para sacudir el yugo
extranjero; unámonos para ser libres y restablecer la paz;
para combatir sin tregua a nuestros enemigos; guerra a muerte
al invasor que trata de estampar en nuestras frentes un sello
de ignominia perpetua. ¡A las armas, Hijos de Chihuahua!
Que nuestro último suspiro sea para exclamar: ¡Viva
el Supremo gobierno de la Nación! ¡Viva la Independencia
de la República".
Coincidió con la fecha de este manifiesto la salida del
Presidente Juárez y de sus ministros en dirección
al Paso del Norte, con motivo de la aproximación de las
fuerzas francesas que encabezaba el General Brincourt a la ciudad
de Chihuahua, habiendo sido comisionado para conducir los trenes,
artillería e imprenta el General Fernando Poucel. Previamente
quedó acordado que el gobernador Ojinaga se retiraría
con los poderes locales en dirección a ciudad Guerrero
para dividir la atención de los invasores.
Poco antes de evacuar la ciudad y atendiendo las instrucciones
del Ministro de Hacienda, el nuevo gobierno ordenó al jefe
político del Distrito Iturbide que apremiara al Ayuntamiento
para que vendiera a D. Antonio Asúnsulo los tres arcos
de los portales del Ayuntamiento situados en las esquinas de las
Calles Independencia y Victoria, con su correspondiente fondo,
en la suma de cuatro mil pesos. El Cabildo se constituyó
en sesión permanente hasta que este negocio quedó
terminado y los fondos sirvieron para arreglar los preparativos
de la salida del Gobierno Nacional.
El día 7 del mismo mes expidió un decreto imponiendo
penas severas a todos los individuos pertenecientes a partidas
armadas que se aprovecharan de las circunstancias de la guerra
para cometer abusos, exacciones y atropellos en contra de los
vecinos pacíficos, conteniendo los siguientes artículos:
1º.- Serán tenidas como salteadores las tropas de
cualquier clase que sean cuyo jefe no presente la orden por escrito
de pasar por el Estado a pedir auxilio emanadas del Gobierno General,
del Estado o de alguna autoridad o jefe que la halla notoriamente
del gobierno General o del Estado.
2º.-En consecuencia, así las autoridades de los pueblos
podrán hacer uso de las armas para resistir y aún
perseguir a las fuerzas de que se trate en el artículo
anterior y pedir auxilio al gobierno del Estado o a los jefes
inmediatos para que los defiendan.
3º.-
Para que las poblaciones puedan atender a su defensa en los términos
del articulo 2º, se previene a las autoridades a quienes
correspondan que inmediatamente se dediquen a organizar la Guardia
Nacional para que esté lista al tercer día de recibido
este decreto cuya falta de cumplimiento y los perjuicios que en
su consecuencia sobrevengan a los habitantes de demarcaciones
serán de la estrecha responsabilidad de las mismas autoridades."
Antes de evacuar la ciudad de Chihuahua, ya cuando las avanzadas
francesas se encontraban a menos de tres jornadas, ordenó
con fecha 10 que, en el momento en que fuera invadida, suspendieran
el ejercicio de sus funciones todos los funcionarios y empleados
judiciales del Estado y Municipales residentes en ella, para reanudarlas
en su oportunidad. Dejo 80 soldados para cuidar el orden, bajo
el mando del capitán Encarnación Ojinaga, mientras
organizaba un cuerpo de guardia neutral integrada por comerciantes,
vecinos y gente pacífica y en la tarde del mismo día
tomó el camino de General Trías, acompañado
de los elementos civiles de su gobierno y de las pocas fuerzas
que le quedaban disponibles, todas ellas pertenecientes a la guardia
nacional.
Muy pocas horas después de haberse verificado la evacuación
por el gobernador y los suyos, el Capitán Encarnación
Ojinaga, fue batido y muerto por la guardia neutral bajo el cargo
espacioso, que no está comprobado, de que había
pretendido saquear algunas casas comerciales. Al llegar el Gobernador
Ojinaga a la Hacienda del fresno los soldados del 2º Batallón
de la Guardia Nacional, del que era jefe nato el coronel Joaquín
Terrazas, contaminados por la desmoralización propia de
aquellos momentos aciagos, se desbandaron y dispararon sus armas
sobre los jefes y oficiales que trataron de hacerlos volver a
la obediencia, sin haberlo conseguido.
Siguió el General Ojinaga por el camino de la sierra, habiendo
tocado en su tránsito General Trías, Cusihuiriachi
en donde publicó una orden extraordinaria dando a conocer
la recuperación de Hidalgo del Parral y la muerte del General
Pedro Meoqui,, paso por Cerro Prieto, yendo a establecer el asiento
de su administración en ciudad Guerrero, en donde arribó
el día 2o del mes de Agosto. Ahí fue informado por
el jefe político de la agitación existente en los
pueblos septentrionales del Cantón de Guerrero a favor
del imperio, inclinado por algunos agentes enviados por los invasores
y que los vecinos, llegando a la vías. habían quitado
al capitán Francisco Vázquez en la Hacienda de Providencia,
dos cañones de montaña, uno rayado y otros elementos
de guerra que el gobierno general les enviaba desde el Paso del
Norte.
Estos acontecimientos comprometía la existencia de su mismo
gobierno; pero no cedió un ápice en sus propósitos,
y procedió a reorganizar las cortas fuerzas que le quedaban,
nombró segundo en Jefe al General Genaro Villagrán;
Mayor de órdenes al Teniente Coronel Guillermo Vasqueti,
Jefe de Caballería al Teniente Coronel Rafael Platón
Sánchez, Jefe de Estado Mayor José R. cuevas y todas
las fracciones de infantería fueron refundidas en el tercer
Batallón de la Guardia Nacional, que comandaba el Coronel
Enrique Armendáriz.
Al complicar más aquella situación contribuyó
la intransigencia de algunos causantes para pagar las cuotas que
les correspondía de la última derrama extraordinaria
decretada por el Gobierno Nacional.
Para quitar todo pretexto de resistencia les rebajó una
tercer parte a cada uno de los remisos y, por conducto de la Secretaría,
ordenó al Presidente Municipal de Temósachi que
se presentara en la ciudad de Guerrero a recibir órdenes
correspondiente para hacerlas efectivas; pero se negó a
comparecer bajo el pretexto de que el gobierno trataba de expedir
patentes guerrilleras que causarían fuertes daños
a los vecinos pacíficos y, en unión de todos los
descontentos, concluyeron por sublevarse a favor del imperio,
encabezados por Feliciano Enríquez que figuró como
jefe principal, José de la Luz Miramontes, Rafael Quezada,
José María Mendoza y Reyes Orozco y azuzados por
el Presbítero José Antonio Real y Vázquez.
El gobernador Ojinaga giró órdenes al teniente Coronel
Sánchez para que se trasladara a Temósachi a someter
a los rebeldes y hacer efectivas las disposiciones dictadas por
la Secretaría, disponiendo que para el efecto le quedaran
subalternos el Jefe Político del Cantón y el Recaudador
de Rentas. El citado jefe militar salió de ciudad Guerrero
con 140 hombres en dirección al citado pueblo de Temósachi
a cumplir con las instrucciones recibidas; pero el saliente había
cundido en las filas republicanas y Sánchez y sus hombres
cayeron en una emboscada que les tendieron los imperialistas a
la entrada del pueblo el día 29 del mismo mes de Agosto.
Los soldados tiraron su armas y se desbandaron a los primeros
disparos y los jefes y oficiales fueron desarmados y tomados prisioneros
fácilmente por los imperialistas. Estos se movilizaron
enseguida sobre ciudad Guerrero, pero el General con planta de
empleados civiles y los pocos hombres de armas que le quedaban
ascendían a 70, salió el día primero de Septiembre
en dirección al Mineral de Ocampo, por el camino de Arisiachi
en donde pernoctó en la tarde, yendo en su mayoría
desmoralizados y como si ya presintieran la tragedia que se avecinaba.
El día 2 se encontraba el General Ojinaga almorzando en
la casa de uno de los vecinos llamados Calixto González,
como a las ocho y media de la mañana, cuando regresó
uno de los exploradores que había destacado la noche anterior
y le informó que los imperialistas lo seguían y
que probablemente lo alcanzarían en media hora más.
Inmediatamente se dirigió al cuartel donde estaban alojadas
sus reducidas fuerzas a fin de dar órdenes para organizar
la defensiva, pero en el tránsito lo detuvo una partida
de cuatro soldados imperialistas que le intimó rendición.
Les contesto con energía "¡No me rindo traidores!"
y uniendo la voz a la acción sacó su pistola y disparó
sobre ellos, dando muerte a tres que respondían a los nombres
de José Merced Real y Vázquez, Santana Vargas y
Víctor Bernal e hiriendo al cuarto que era hermano de este
último.
En esos momentos llegó el Teniente Carmen Mendoza con otros
tres hombres, quién personalmente dio un balazo en el abdomen
al General Ojinaga, de cuyas consecuencias falleció dos
horas y media después, habiendo pronunciado momentos antes
de expirar las siguientes palabras: "Todo se ha perdido;
con mi muerte la causa nacional va a sufrir bastante."
Los capitanes Reyes Orozco y Rafael Quezada que mandaban las partida
de imperialistas, iniciaron la acción en contra d de los
republicanos, quienes muy poco después tuvieron que rendirse
desmoralizados más todavía por la muerte de su jefe.
El enemigo dispuso el traslado del cadáver del gobernador
al pueblo de Santo Tomás, en donde ele dieron sepultura
al día siguiente en el atrio de la iglesia católica
habiendo permanecido ahí sus restos durante cinco días.
El Presidente Juárez, en reconocimiento de las virtudes
cívicas del General Ojinaga, muy poco tiempo después
de su muerte expidió en Paso del Norte el Decreto de 23
de Octubre de 1865 por el cual cambió el nombre al antiguo
Presidio del Norte por el de Villa de Ojinaga, en honor del gobernante
sacrificado por los imperialistas en el pueblo de Arisiachi.
Al cumplirse el primer aniversario de su muerte, la Secretaría
de Relaciones Exteriores y Gobernación dirigió la
siguiente nota oficial al gobierno del Estado: "El General
Manuel Ojinaga, que en su vida mereció la estimación
personal por sus distinguidos servicios y sus altas cualidades
de valeroso y distinguido patriotismo e intachable rectitud, murió
heroicamente e en Arisiachi por la Independencia de la Patria
el dos de septiembre de 1865, siendo Gobernador y Comandante Militar
de este Estado de Chihuahua. En su vida y en su muerte honró
a la República como buen mexicano y a Chihuahua como hijo
suyo, aproximándose el primer aniversario de su muerte.
El C. Presidente de República ha considerado justo que
en ese día se le tribute un homenaje público a su
memoria"
En cumplimiento de esta orden se nombró como comisión
integrada por los señores Ing. José María
Gómez del Campo, Coronel Enrique Armendáriz, Lic.
Manuel Azpiroz, Lic Manuel Sánchez Posada y Juan N. Zubirán
para que formularan el programa respectivo. Este se desarrolló
el día 2 de Septiembre de 1866 en e Pórtico del
Instituto Científico y Literario del cual había
sido alumno, todas las autoridades se reunieron previamente en
el Palacio Nacional, ubicado en la esquina de la calle Juárez
y Quinta de donde salieron en dirección al citado centro
docente encabezados por el Presidente de la República y
sus ministros, e instalados en el pórtico se desarrolló
la ceremonia cívica en la que el Dr. Roque J Morón
se encargó de pronunciar la oración fúnebre
en elogio al desaparecido. Las fuerzas de la Guarnición
hicieron los honores de ordenanza con las armas a la funerala
y la bandera permaneció todo el día a media asta.
Los restos del General Manuel Ojinaga Castañeda fueron
trasladados de Santo Tomás a la ciudad de Guerrero, en
Noviembre de 1870 se le reinhumó en el Templo de Nuestra
Señora del Refugio, habiendo asistido a todos los actos,
su madre Doña Isabel Castañeda de Ojinaga.
La exhumación se verificó en Santo Tomás
el día 11, habiendo asistido el juez de letras del distrito
Judicial y el Síndico del Ayuntamiento con objeto de dar
fe; los despojos mortales fueron velados en el mismo lugar, al
día siguiente tuvo verificativo una ceremonia cívica
en la cual hicieron uso de la palabra Don José María
Blanco a nombre de los vecinos del mueblo y el Síndico
Don Celso González en representación del Cabildo;
el ataúd fue cubierto con al Pabellón Nacional y
a las tres de la tarde emprendieron la marcha en dirección
a ciudad Guerrero, escoltado por 50 hombres de la Guardia Nacional.
A su llegada a la cabecera fueron encontrados en suburbios por
el Ayuntamiento en masa, cuyos vocales tomaron en sus manos los
cordones que pendían d el de la urna que encerraba los
restos, y el pueblo, poseído de exaltación y devoción
patriótica hacía el insigne General Ojinaga, quitó
los caballos del armón y arrastró éste hasta
la puerta del templo católico del refugio, citado antes
donde fueron reinhumados después de las respectivas ceremonias
civiles y religiosas.
La Legislatura Local autorizó al gobernador Licenciado
Antonio Ochoa, por Decreto del 24 de Julio de 1874 para construir
un monumento a la Memoria del General Manuel Ojinaga en la ciudad
de Chihuahua en el que debían descansar sus restos definitivamente.
En cumplimiento de esta disposición legislativa, a fines
del mes de Agosto siguiente fueron exhumados por segunda ocasión
en ciudad Guerrero, habiendo pronunciado la oración fúnebre
el Ing. Manuel G. Vidal, el Pbro. Francisco P. Portillo, cura
párroco del lugar y amigo que había sido del finado
gobernador Ojinaga, leyó una poesía que fue escrita
por el mismo.
Una escolta de caballería comandada por el Capitán
Pablo Hermosillo condujo los restos hasta la ciudad de Chihuahua,
habiéndolos entregado el día 1 de Septiembre a las
cuatro de la tarde en los Portales del Ayuntamiento, ante una
multitud de personas de todas las clases sociales; el Dr. Ramón
Guerrero pronunció el discurso oficial. Se dispararon las
salvas de artillería de acuerdo a la ordenanza y se llevaron
los restos al salón de sesiones del congreso Local, en
donde se cubrieron las guardias hasta las cinco de la tarde del
día dos en que salió el cortejo fúnebre e
n dirección al panteón de Nuestra Señora
de la Regla, ahí hizo uso de la palabra el Lic. Higinio
Muñoz en el acto de la reinhumación. Tiene además
tres monumentos; uno en la ciudad de México, otro en la
ciudad de Chihuahua y uno más en la ciudad de Ojinaga,
Chih. quien orgullosamente lleva su nombre como homenaje a tan
distinguido personaje de la época del Lic. Benito Juárez.
Derechos
Reservados 2004 Jumanos.net
Información Proporcionada por el Sr. Guadalupe Pérez
Rodríguez