BIOGRAFIA

MANUEL OJINAGA CASTAÑEDA
1833 -1865

Representa en la historia local el nervio patriótico del Estado de Chihuahua en los días más difíciles de la lucha sostenida por el gobierno republicano en contra de la intervención francesa y el imperio y en todos sus actos como ciudadano, como militar y como gobernante refleja el General Ojinaga de una manera uniforme la misma entereza, el mismo valor indomable, la misma resolución estoica de perder la vida en aquella lucha, sin que se hubiera visto desmerecer ninguna de las citadas cualidades ni en los días de infortunio en que tuvo que abandonar la capital chihuahuense a la aproximación de los invasores, retirándose rumbo al Cantón Guerrero a refugiarse en la grandeza de nuestras montañas, en donde terminó su existencia en la lucha desigual con los imperialistas.
Diversos documentos que dejó a la posteridad revela la misma fe inquebrantable en el triunfo de la causa de la República y su resolución valerosa de morir en la demanda.
Originario de la Hacienda de las Garzas, perteneciente al municipio de La Cruz, y fue bautizado en la viceparroquia de Santa Rosalía (Ciudad Camargo). Su partida de bautismo expresa lo siguiente " En esta Santa Iglesia Parroquial de Santa Rosalía, a 11 de Abril de 1833, yo el Presbítero Miguel García de León, con licencia in scriptus, exorcicé, bauticé solemnemente, puse el Santo Óleo y Sagrado Crisma a un niño que nació en las Garzas el día 8 des presente mes (Abril) y le puse por nombre JOSÉ MANUEL MARÍA DIONISIO LEÓN hijo legítimo de Don Bruno Ojinaga y de Doña Isabel Castañeda. Abuelos paternos Don Domingo Ojinaga y Doña Gertrudis García Rosi, a quién advertí su obligación y parentesco espiritual que han contraído y para que conste lo firmé.- Miguel García de León. Rúbrica"
De niño quedó huérfano de padre, quién murió a manos de los apaches habiendo quedado al cuidado de madre que fue una mujer abnegada y virtuosa, la que con todos sus hijos volvió a radicarse en la Hacienda de Río Florido (Villa Coronado) de donde procedía la familia Ojinaga. Manuel desde sus primeros años fue muy buen hijo, de índole dócil y amable y al ejemplo de su madre y el apoyo de su cuñado el Lic. Juan N. de Urquidi, debió la formación de su carácter y educación.
Cursó su educación primaria en el Valle de Allende y después se trasladó a la ciudad de Chihuahua, en donde obtuvo una plaza de escribiente en la Contaduría Mayor de Hacienda a fines de 1850. Allí a la vez que trabajaba en la labores indicadas, se dedicó a estudiar en el Instituto Científico y Literario y mas tarde hizo viajes a la capital de la república y se inscribió como alumno en la Escuela de Minería.

El escritor mexicano Don Francisco Sosa, en la página 181 de su libro titulado "Las Estatuas de la Reforma" relata este capítulo de la vida de Manuel Ojinaga en la forma siguiente: " Recibió la educación primaria en Valle de Allende y una vez terminada ingresó a la Escuela de Minería en clase de externo porque su pobreza no le permitía pagar la pensión de los internos. Con la fe y la energía que desde su mocedad revelan los grandes caracteres, Ojinaga luchó con todo género de contrariedades y privaciones durante los primeros años de su residencia en esta capital y se distinguió en las aulas por su talento claro, su dedicación al estudio y su conducta irreprochable, mereciendo así la estimación de sus profesores y condiscípulos. Para premiar su talento le fue concedida una plaza de dotación en el tercer año de estudios y, pudo entonces, seguir aquellos hasta terminarlos y recibir los diplomas de Agrimensor, Ingeniero de Minas y Ensayador, cabiéndole el mayor y más apetecido triunfo de volver al hogar y servir de apoyo a su anciana madre y a una hermana viuda que ella mantenía a su lado".
El Título de Ensayador el fue expedido el 20 de Febrero de 1860 y el de Ingeniero de Minas el 3 de Septiembre del mismo año.
Su regreso al estado tuvo lugar en los primeros días de 1861, poco después fue electo Diputado de la II Legislatura Local, cuyos componente se designaban entonces por el voto general de los habitantes del mismo estado y, concluidas las funciones legislativas correspondientes al primer período ordinario de sesiones, en diciembre del citado año (1861) fue nombrado jefe de oficina de ensaye en la ciudad de Hidalgo del Parra. En esta época localizó un criadero de mármol en jurisdicción de Villa Coronado, el que no pudo explotar porque los acontecimientos políticos desviaron su atención.
Desempeñaba el empleo expresado cuando se iniciaron los acontecimientos de la intervención francesa y el imperio, habiendo suscrito una cuota de $8.00 (ocho pesos) mensuales por todo el tiempo que durara la guerra y la lista respectiva consta además la siguiente nota: "Ofrece sus servicios cuando se necesite". Al mismo tiempo figuró entre los directores de la "Sociedad Filantrópica" de Hidalgo del Parral, que organizó en dicha población para levantar el espíritu público de sus habitantes en contra de los invasores y del establecimiento de la monarquía en México y también formó parte de la Junta Patriótica del Cantón Hidalgo, cuya misión era allegar recursos para combatir a los franceses y a sus aliados.
La Sociedad Filantrópica expresada se dedicó a organizar en Hidalgo del Parral fiestas de teatro y corridas de toros, una y otras por aficionados, a fin de allegar recursos económicos a beneficio de los hospitales de sangre de oriente y centro y tomó parte personal en los cuadros y cuadrillas respectivas. Ejecutaron varias remisiones de fondos y la última que importaba $900.00 (novecientos pesos) se retuvo cuando se recibió la noticia de la rendición de la ciudad de Puebla y que los primeros mexicanos que ahí los tomaron prisioneros habían sido deportados a Francia. Entonces se resolvió enviar dicha cantidad a beneficio de los citados prisioneros.

Ofreció sus servicios en las fuerzas armadas e insistió después de la caída de Puebla y, habiendo sido aceptado por el gobierno local, con fecha 23 de julio de 1863 dirigió a Secretaría de Gobierno la nota que sigue: " Animado del más puro patriotismo desde el momento en que una nación poderosa se ha permitido el atrevimiento de atacar la soberanía e independencia de la República, mis más ardientes deseos han sido desde entonces cumplir con uno de los más sagrado deberes a que me creo obligado como ciudadano mexicano, cual el de tomar las armas contra los invasores de mi Patria. Al efecto he ofrecido al gobierno del Estado, en unión con otros ciudadanos, mis servicios personales y he visto que han sido aceptados. En consecuencia, suplico al C. Gobernador del Estado por el digno conducto de usted, me proporcione la honra de poder servir a mi Patria nombrando oportunamente a otra persona que reciba las oficinas que tengo a mi cargo, pues creo que se acerca ya el momento en que debe salir el nuevo contingente de sangre con que Chihuahua contribuirá a la defensa nacional y mi mayor placer como chihuahuense sería el de afiliarme entre los hijos del Estado que marchan al teatro de la guerra".
Se alistó en la Guardia Nacional del Cantón Hidalgo y en asamblea general fue electo Teniente Coronel del Batallón 1º de Chihuahua que se organizó para reemplazar al cuerpo del mismo número que cayó prisionero de los franceses al rendirse la plaza de Puebla el 17 de mayo de 1863 y poco después se le confirió la jefatura del mismo batallón.
Al asumir el mariscal Bazaine el mando en jefe del Ejercito expedicionario francés, ordenó el establecimiento de las odiosas cortes marciales. Con este motivo el Teniente Coronel Manuel Ojinaga, el Dr. Manuel Robles y Don Trinidad García, en enero de 1864 publicaron un remitido que expresaba los siguientes conceptos: "Derecho de represalias ¿Cuando se cansará nuestro gobierno de ser generoso con los franceses? En el caso desgraciado de que el país sucumba, ellos volverán a recrearse contando con avidez los patíbulos y con los mismos los millares de víctimas sacrificadas en el siglo XIX por la maldita Francia. ¡Guerra a muerte a los franco traidores! ¡Fuera los súbditos del emperador bandido! Ahora que el sustituto de Forey ha publicado la monstruosa ley marcial en la que condena a la última pena a la nación entera y provoca a nuestra querida Patria a un duelo a muerte; ahora que cada uno de nosotros está estrechado a escoger entre la ignominiosa esclavitud y la muerte, creemos que ha marcado un hasta aquí a la tan imprudente generosidad del gobierno de México. Todos los que amamos a la Patria en la que tuvimos la dicha de nacer, estamos condenados a muerte por el bárbaro civilizado Bazaine. Pues bien, esperemos con resignación el sangriento y luctuoso porvenir que nos brinda el salvaje civilizado europeo y tenemos por lo tanto el derecho inalienable para pedir a nuestro gobierno que no nos deje asesinar impunemente; que dé otra ley marcial condenando a muerte a todos los que hagan armas en contra del gobierno legítimo de México, así como a los que directa o indirectamente auxilien al ejército invasor. Derrámese en horabuena la sangre mexicana; pero deseamos saber al morir, que también correrá la sangre francesa a torrentes".

Al frente de su batallón se incorporó a la brigada que comandaba el General José María Patoni, en Junio de 1864, con la que marchó al estado de Durango y se batió en la acción de guerra librada en la Majoma el 21 de Septiembre siguiente, habiéndose distinguido por su valor.
Al frente de sus soldados dio una carga a la bayoneta sobre los invasores y rechazó a la infantería de éstos; pero en esos momentos se vio comprometida la artillería mexicana y recibió orden de contramarcha a protegerla, habiendo sido flanqueado por el enemigo que tomó prisioneras a dos compañías de su cuerpo. Con los restos del mismo se retiró rumbo al norte, al sobrevenir la derrota de los nuestros.
Llegó a Hidalgo del Parral con varios oficiales y 80 soldados, procediendo con actividad y energía a reorganizar su batallón; se incorporó enseguida a las fuerzas que comandaba el general Manuel Quezada y el 22 de noviembre del mismo año cruzó sus armas por segunda vez con los franceses en la Hacienda de Guadalupe, municipio de Coronado, habiendo sido allí donde se quemaron los primeros cartuchos en jurisdicción de Chihuahua, durante la intervención y el imperio.
Ascendió a Coronel, paso con el cuerpo que mandaba a formar parte de la División de Operaciones que bajo la jefatura del General Miguel Negrete salió del Valle de Allende, en febrero de 1865, en dirección al sur. Estuvo en la recuperación de las ciudades de Saltillo y Monterrey y en el asedio al puerto de Matamoros, así como en la acción de guerra librada el día 2 de Junio en la Angostura, contra las fuerzas francesas que dirigía el General Jeaningros, quién fue rechazado en el mismo lugar donde se había librado la batalla de Febrero de 1847.
Cuando el general en Jefe ordenó el regreso de la división en dirección a Chihuahua, el Coronel Ojinaga ejecutó a pie la travesía por el desierto, desde Monclova hasta la Laguna de Jaco y de ahí a ciudad Camargo, para dar el ejemplo a sus soldados, cuyas penalidades compartió con ellos en el camino sin aprovechar las ventajas que podía acarrearle su categoría militar.
De la última población citada se trasladó a la capital y con fecha 4 de Agosto del mismo año el Presidente Juárez le otorgó el ascenso a General de Brigada Graduado, y lo nombró gobernador y comandante militar del Estado y jefe de todas las fuerzas republicanas que operaran dentro de su territorio o que penetraran a él, habiéndolo investido de facultades extraordinarias en todos los ramos de la administración pública, acordadas en Consejo de Ministros.
El mismo día tomó posesión y nombró secretario de gobierno al Lic. Manuel Azpiroz, administrador general de rentas a D. Andrés Armendáriz y Jefe Político del Distrito Iturbide a D. Ignacio Fernández.
Al día siguiente publicó un manifiesto dirigido a los habitantes de Chihuahua en el que se encuentran los mismos conceptos de patriotismo y de entereza, que en otros documentos mencionados antes; decía lo siguiente: "Llamado por el Supremo Gobierno de la Nación para encargarme de mando político y militar del Estado, no he creído de mi deber rehusar tal encargo, cuando la simple resistencia a las órdenes del gobierno puede considerarse una traición y sin medir mi insuficiencia para desempeñarlos debidamente he aceptado guiado por el deseo que me anima de prestar mis servicios a la Patria cualesquiera que sean los sacrificios que para ello sean necesarios y por la convicción profunda que abrigo de que llegará el día en que veamos triunfante en toda la extensión de nuestro territorio la independencia de la República. Chihuahuenses: Las garantías individuales no serán en mi gobierno una promesa efímera,, sino un hecho que ustedes mismos me ayudarán a realizar. Sostener con honor nuestra sagrada independencia será mi constante empeño, mi única divisa y para ello cuento con su leal cooperación. Unámonos para sacudir el yugo extranjero; unámonos para ser libres y restablecer la paz; para combatir sin tregua a nuestros enemigos; guerra a muerte al invasor que trata de estampar en nuestras frentes un sello de ignominia perpetua. ¡A las armas, Hijos de Chihuahua! Que nuestro último suspiro sea para exclamar: ¡Viva el Supremo gobierno de la Nación! ¡Viva la Independencia de la República".
Coincidió con la fecha de este manifiesto la salida del Presidente Juárez y de sus ministros en dirección al Paso del Norte, con motivo de la aproximación de las fuerzas francesas que encabezaba el General Brincourt a la ciudad de Chihuahua, habiendo sido comisionado para conducir los trenes, artillería e imprenta el General Fernando Poucel. Previamente quedó acordado que el gobernador Ojinaga se retiraría con los poderes locales en dirección a ciudad Guerrero para dividir la atención de los invasores.
Poco antes de evacuar la ciudad y atendiendo las instrucciones del Ministro de Hacienda, el nuevo gobierno ordenó al jefe político del Distrito Iturbide que apremiara al Ayuntamiento para que vendiera a D. Antonio Asúnsulo los tres arcos de los portales del Ayuntamiento situados en las esquinas de las Calles Independencia y Victoria, con su correspondiente fondo, en la suma de cuatro mil pesos. El Cabildo se constituyó en sesión permanente hasta que este negocio quedó terminado y los fondos sirvieron para arreglar los preparativos de la salida del Gobierno Nacional.
El día 7 del mismo mes expidió un decreto imponiendo penas severas a todos los individuos pertenecientes a partidas armadas que se aprovecharan de las circunstancias de la guerra para cometer abusos, exacciones y atropellos en contra de los vecinos pacíficos, conteniendo los siguientes artículos:
1º.- Serán tenidas como salteadores las tropas de cualquier clase que sean cuyo jefe no presente la orden por escrito de pasar por el Estado a pedir auxilio emanadas del Gobierno General, del Estado o de alguna autoridad o jefe que la halla notoriamente del gobierno General o del Estado.
2º.-En consecuencia, así las autoridades de los pueblos podrán hacer uso de las armas para resistir y aún perseguir a las fuerzas de que se trate en el artículo anterior y pedir auxilio al gobierno del Estado o a los jefes inmediatos para que los defiendan.

3º.- Para que las poblaciones puedan atender a su defensa en los términos del articulo 2º, se previene a las autoridades a quienes correspondan que inmediatamente se dediquen a organizar la Guardia Nacional para que esté lista al tercer día de recibido este decreto cuya falta de cumplimiento y los perjuicios que en su consecuencia sobrevengan a los habitantes de demarcaciones serán de la estrecha responsabilidad de las mismas autoridades."
Antes de evacuar la ciudad de Chihuahua, ya cuando las avanzadas francesas se encontraban a menos de tres jornadas, ordenó con fecha 10 que, en el momento en que fuera invadida, suspendieran el ejercicio de sus funciones todos los funcionarios y empleados judiciales del Estado y Municipales residentes en ella, para reanudarlas en su oportunidad. Dejo 80 soldados para cuidar el orden, bajo el mando del capitán Encarnación Ojinaga, mientras organizaba un cuerpo de guardia neutral integrada por comerciantes, vecinos y gente pacífica y en la tarde del mismo día tomó el camino de General Trías, acompañado de los elementos civiles de su gobierno y de las pocas fuerzas que le quedaban disponibles, todas ellas pertenecientes a la guardia nacional.
Muy pocas horas después de haberse verificado la evacuación por el gobernador y los suyos, el Capitán Encarnación Ojinaga, fue batido y muerto por la guardia neutral bajo el cargo espacioso, que no está comprobado, de que había pretendido saquear algunas casas comerciales. Al llegar el Gobernador Ojinaga a la Hacienda del fresno los soldados del 2º Batallón de la Guardia Nacional, del que era jefe nato el coronel Joaquín Terrazas, contaminados por la desmoralización propia de aquellos momentos aciagos, se desbandaron y dispararon sus armas sobre los jefes y oficiales que trataron de hacerlos volver a la obediencia, sin haberlo conseguido.
Siguió el General Ojinaga por el camino de la sierra, habiendo tocado en su tránsito General Trías, Cusihuiriachi en donde publicó una orden extraordinaria dando a conocer la recuperación de Hidalgo del Parral y la muerte del General Pedro Meoqui,, paso por Cerro Prieto, yendo a establecer el asiento de su administración en ciudad Guerrero, en donde arribó el día 2o del mes de Agosto. Ahí fue informado por el jefe político de la agitación existente en los pueblos septentrionales del Cantón de Guerrero a favor del imperio, inclinado por algunos agentes enviados por los invasores y que los vecinos, llegando a la vías. habían quitado al capitán Francisco Vázquez en la Hacienda de Providencia, dos cañones de montaña, uno rayado y otros elementos de guerra que el gobierno general les enviaba desde el Paso del Norte.
Estos acontecimientos comprometía la existencia de su mismo gobierno; pero no cedió un ápice en sus propósitos, y procedió a reorganizar las cortas fuerzas que le quedaban, nombró segundo en Jefe al General Genaro Villagrán; Mayor de órdenes al Teniente Coronel Guillermo Vasqueti, Jefe de Caballería al Teniente Coronel Rafael Platón Sánchez, Jefe de Estado Mayor José R. cuevas y todas las fracciones de infantería fueron refundidas en el tercer Batallón de la Guardia Nacional, que comandaba el Coronel Enrique Armendáriz.
Al complicar más aquella situación contribuyó la intransigencia de algunos causantes para pagar las cuotas que les correspondía de la última derrama extraordinaria decretada por el Gobierno Nacional.
Para quitar todo pretexto de resistencia les rebajó una tercer parte a cada uno de los remisos y, por conducto de la Secretaría, ordenó al Presidente Municipal de Temósachi que se presentara en la ciudad de Guerrero a recibir órdenes correspondiente para hacerlas efectivas; pero se negó a comparecer bajo el pretexto de que el gobierno trataba de expedir patentes guerrilleras que causarían fuertes daños a los vecinos pacíficos y, en unión de todos los descontentos, concluyeron por sublevarse a favor del imperio, encabezados por Feliciano Enríquez que figuró como jefe principal, José de la Luz Miramontes, Rafael Quezada, José María Mendoza y Reyes Orozco y azuzados por el Presbítero José Antonio Real y Vázquez.

El gobernador Ojinaga giró órdenes al teniente Coronel Sánchez para que se trasladara a Temósachi a someter a los rebeldes y hacer efectivas las disposiciones dictadas por la Secretaría, disponiendo que para el efecto le quedaran subalternos el Jefe Político del Cantón y el Recaudador de Rentas. El citado jefe militar salió de ciudad Guerrero con 140 hombres en dirección al citado pueblo de Temósachi a cumplir con las instrucciones recibidas; pero el saliente había cundido en las filas republicanas y Sánchez y sus hombres cayeron en una emboscada que les tendieron los imperialistas a la entrada del pueblo el día 29 del mismo mes de Agosto. Los soldados tiraron su armas y se desbandaron a los primeros disparos y los jefes y oficiales fueron desarmados y tomados prisioneros fácilmente por los imperialistas. Estos se movilizaron enseguida sobre ciudad Guerrero, pero el General con planta de empleados civiles y los pocos hombres de armas que le quedaban ascendían a 70, salió el día primero de Septiembre en dirección al Mineral de Ocampo, por el camino de Arisiachi en donde pernoctó en la tarde, yendo en su mayoría desmoralizados y como si ya presintieran la tragedia que se avecinaba.

El día 2 se encontraba el General Ojinaga almorzando en la casa de uno de los vecinos llamados Calixto González, como a las ocho y media de la mañana, cuando regresó uno de los exploradores que había destacado la noche anterior y le informó que los imperialistas lo seguían y que probablemente lo alcanzarían en media hora más.
Inmediatamente se dirigió al cuartel donde estaban alojadas sus reducidas fuerzas a fin de dar órdenes para organizar la defensiva, pero en el tránsito lo detuvo una partida de cuatro soldados imperialistas que le intimó rendición. Les contesto con energía "¡No me rindo traidores!" y uniendo la voz a la acción sacó su pistola y disparó sobre ellos, dando muerte a tres que respondían a los nombres de José Merced Real y Vázquez, Santana Vargas y Víctor Bernal e hiriendo al cuarto que era hermano de este último.
En esos momentos llegó el Teniente Carmen Mendoza con otros tres hombres, quién personalmente dio un balazo en el abdomen al General Ojinaga, de cuyas consecuencias falleció dos horas y media después, habiendo pronunciado momentos antes de expirar las siguientes palabras: "Todo se ha perdido; con mi muerte la causa nacional va a sufrir bastante."
Los capitanes Reyes Orozco y Rafael Quezada que mandaban las partida de imperialistas, iniciaron la acción en contra d de los republicanos, quienes muy poco después tuvieron que rendirse desmoralizados más todavía por la muerte de su jefe. El enemigo dispuso el traslado del cadáver del gobernador al pueblo de Santo Tomás, en donde ele dieron sepultura al día siguiente en el atrio de la iglesia católica habiendo permanecido ahí sus restos durante cinco días.
El Presidente Juárez, en reconocimiento de las virtudes cívicas del General Ojinaga, muy poco tiempo después de su muerte expidió en Paso del Norte el Decreto de 23 de Octubre de 1865 por el cual cambió el nombre al antiguo Presidio del Norte por el de Villa de Ojinaga, en honor del gobernante sacrificado por los imperialistas en el pueblo de Arisiachi.
Al cumplirse el primer aniversario de su muerte, la Secretaría de Relaciones Exteriores y Gobernación dirigió la siguiente nota oficial al gobierno del Estado: "El General Manuel Ojinaga, que en su vida mereció la estimación personal por sus distinguidos servicios y sus altas cualidades de valeroso y distinguido patriotismo e intachable rectitud, murió heroicamente e en Arisiachi por la Independencia de la Patria el dos de septiembre de 1865, siendo Gobernador y Comandante Militar de este Estado de Chihuahua. En su vida y en su muerte honró a la República como buen mexicano y a Chihuahua como hijo suyo, aproximándose el primer aniversario de su muerte. El C. Presidente de República ha considerado justo que en ese día se le tribute un homenaje público a su memoria"
En cumplimiento de esta orden se nombró como comisión integrada por los señores Ing. José María Gómez del Campo, Coronel Enrique Armendáriz, Lic. Manuel Azpiroz, Lic Manuel Sánchez Posada y Juan N. Zubirán para que formularan el programa respectivo. Este se desarrolló el día 2 de Septiembre de 1866 en e Pórtico del Instituto Científico y Literario del cual había sido alumno, todas las autoridades se reunieron previamente en el Palacio Nacional, ubicado en la esquina de la calle Juárez y Quinta de donde salieron en dirección al citado centro docente encabezados por el Presidente de la República y sus ministros, e instalados en el pórtico se desarrolló la ceremonia cívica en la que el Dr. Roque J Morón se encargó de pronunciar la oración fúnebre en elogio al desaparecido. Las fuerzas de la Guarnición hicieron los honores de ordenanza con las armas a la funerala y la bandera permaneció todo el día a media asta.
Los restos del General Manuel Ojinaga Castañeda fueron trasladados de Santo Tomás a la ciudad de Guerrero, en Noviembre de 1870 se le reinhumó en el Templo de Nuestra Señora del Refugio, habiendo asistido a todos los actos, su madre Doña Isabel Castañeda de Ojinaga.
La exhumación se verificó en Santo Tomás el día 11, habiendo asistido el juez de letras del distrito Judicial y el Síndico del Ayuntamiento con objeto de dar fe; los despojos mortales fueron velados en el mismo lugar, al día siguiente tuvo verificativo una ceremonia cívica en la cual hicieron uso de la palabra Don José María Blanco a nombre de los vecinos del mueblo y el Síndico Don Celso González en representación del Cabildo; el ataúd fue cubierto con al Pabellón Nacional y a las tres de la tarde emprendieron la marcha en dirección a ciudad Guerrero, escoltado por 50 hombres de la Guardia Nacional. A su llegada a la cabecera fueron encontrados en suburbios por el Ayuntamiento en masa, cuyos vocales tomaron en sus manos los cordones que pendían d el de la urna que encerraba los restos, y el pueblo, poseído de exaltación y devoción patriótica hacía el insigne General Ojinaga, quitó los caballos del armón y arrastró éste hasta la puerta del templo católico del refugio, citado antes donde fueron reinhumados después de las respectivas ceremonias civiles y religiosas.
La Legislatura Local autorizó al gobernador Licenciado Antonio Ochoa, por Decreto del 24 de Julio de 1874 para construir un monumento a la Memoria del General Manuel Ojinaga en la ciudad de Chihuahua en el que debían descansar sus restos definitivamente. En cumplimiento de esta disposición legislativa, a fines del mes de Agosto siguiente fueron exhumados por segunda ocasión en ciudad Guerrero, habiendo pronunciado la oración fúnebre el Ing. Manuel G. Vidal, el Pbro. Francisco P. Portillo, cura párroco del lugar y amigo que había sido del finado gobernador Ojinaga, leyó una poesía que fue escrita por el mismo.
Una escolta de caballería comandada por el Capitán Pablo Hermosillo condujo los restos hasta la ciudad de Chihuahua, habiéndolos entregado el día 1 de Septiembre a las cuatro de la tarde en los Portales del Ayuntamiento, ante una multitud de personas de todas las clases sociales; el Dr. Ramón Guerrero pronunció el discurso oficial. Se dispararon las salvas de artillería de acuerdo a la ordenanza y se llevaron los restos al salón de sesiones del congreso Local, en donde se cubrieron las guardias hasta las cinco de la tarde del día dos en que salió el cortejo fúnebre e n dirección al panteón de Nuestra Señora de la Regla, ahí hizo uso de la palabra el Lic. Higinio Muñoz en el acto de la reinhumación. Tiene además tres monumentos; uno en la ciudad de México, otro en la ciudad de Chihuahua y uno más en la ciudad de Ojinaga, Chih. quien orgullosamente lleva su nombre como homenaje a tan distinguido personaje de la época del Lic. Benito Juárez.

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Información Proporcionada por el Sr. Guadalupe Pérez Rodríguez

 


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